Who's prepare to pay the price for a trip to paradise? Billie Holiday, Love for sale
Gorrión triste que anida entre el piano y el humo, esta garganta inventa la sustancia más oscura de la noche. Revelación de lo que existe detrás de la ingrávida tiniebla de los predestinados, carne inútil e intensa como este canto de embriaguez, lámpara votiva de las alucinaciones, luna sembrada de alcohol, muchacha que flota, muchacha que vuela, alambre vivo, ella nombra el sustrato profundo de los cuerpos, aguja que teje un sol líquido a la sangre, oh baby, quiero dormir. Darío Jaramillo Agudelo
No era necesaria una nueva acometida de la soledad
para que lo supiera.
Navegaba la mar por un rumbo desconocido para mis manos.
Donde el amor moró y tuvo reino
queda ya sólo un muro que avasalla la hierba.
Queda una hoja de papel no en blanco
donde está anocheciendo.
Donde goteaba luceros una noche
sobre unos hombros limpios como verdad mostrada,
sólo queda una brisa sin destino.
Donde una mujer fundara un beso,
sólo árboles postrados al invierno.
Y no era necesario decirlo.
El corazón sin que sea una lágrima
puede sombrear las mejillas.
La ventana da a la tristeza.
Apoyo los codos en el pasado y, sin mirar, tu ausencia
me penetra en el pecho para lamer mi corazón.
El aire es una mano que está hojeando mi frente.
Mi frente donde la luna es una inscripción,
una voz esculpiendo su olvido.
Como humo la luna se levanta
de entre las ruinas del atardecer.
Es muy temprano en ese azul sin rostro.
No era necesario enturbiar la soledad
con el polvo de un beso disuelto.
No era necesario
memorizar la noche en una lágrima.
Labios sobrecogidos de olvido,
pulsaciones de un oleaje de mar ya retirándose,
ruido de nubes que el otoño piensa.
Hay lápices en forma de tiempo, vasos de agua
donde el anochecer flota en silencio.
Hay una rama de árbol como un brazo esculpido
por algún abandono.
Hay miradas y cartas donde la noche
puso en marcha al vacío,
a las frentes que extinguen su remoto color
sobre letras que enlazan señales de viaje.
Aquí está la tarde.
Puede enrolarse en ella quien esté enamorado.
Aquí está la tarde para designar una ausencia.
Suena en mi pecho el mundo
como un árbol ganado por el viento.
No era necesaria la tarde, tampoco este cigarro cuyo humo
puede ser otra mano evaporándose.
Invernará la noche en mi pecho.
No era necesario saberlo.
No tiene importancia.
Espero una carta todavía no escrita
donde el olvido me nombre su heredero.
[…] Quemándose la boca con un largo trago de vodka, Oliveira pasó el brazo por los hombros de Babs y se apoyó en su cuerpo confortable. «Los intercesores», pensó, hundiéndose blandamente en el humo del tabaco. La voz de Bessie se adelgazaba hacia el fin del disco, ahora Ronald daría vuelta la placa de bakelita (si era bakelita) y de ese pedazo de materia gastada renacería una vez más Empty Bed Blues, una noche de los años veinte en algún rincón de los Estados Unidos.
Ronald había cerrado los ojos, las manos apoyadas en las rodillas marcaban apenas el ritmo. También Wong y Etienne habían cerrado los ojos, la pieza estaba casi a oscuras y se oía chirriar la púa en el viejo disco, a Oliveira le costaba creer que todo eso estuviera sucediendo. ¿Por qué allí, por qué el Club, esas ceremonias estúpidas, por qué era así ese blues cuando lo cantaba Bessie?
De gris cristalería, plumas sobre los puentes ferroviarios. De veloces astillas. Gacela maniatada. De compromisos frutales y margaritas. En hélices que narran la fórmula de las estaciones. Y silencios de ardida superficie. En terrenos baldíos donde los niños lanzan increíbles estrellas al corazón de las hojas futuras, mi propio corazón guardado por infieles llaves, mi mano derecha consagrada al olvido, al fuego de este día que pasa sin detenerse en acuerdos de índole amorosa ni en las cartas que se escriben esperanzadamente ni en el rumor de la sangre en un vaso de rosas fugitivo, y tiñe de vejez el vuelo de tu falda, cuando en arcos sonoros, tú, la sonriente, provocas su ademán adusto, distraes su intención fluvial.
¿Entonces? Entonces, nada. Sólo que, la melancolía, en ventanas firmemente escolares, giradora en el vacío de los árboles, sobre el austero césped dominical sin testimonio, únicamente en medio de la lluvia que posiblemente cae con designio sagrado: cae sobre las manos de mis antepasados inhábiles guitarristas, dulces adoradores de la piedra tallada. Sobre sus ojos ausentes, rota en girasoles, cae llena de instrumentos sonoros totalmente anegada de puentes sojuzgados.
Y qué es lo que vas a decir voy a decir solamente algo
Y qué es lo que vas a hacer voy a ocultarme en el lenguaje
Y por qué tengo miedo
Alejandra Pizarnik
COLD IN HAND BLUES
Jack Gee / Fred Longshaw 1925
por Bessie Smith con Louis Armstrong & Fred Longshaw (piano) 24 de Enero de 1925 - Nueva York
I've got a hardworkin' man, The way he treats me I can't understand; He works hard every day And on Sat'day throws away his pay! Now I don't want that man, Because he's gone cold in hand.
Now I've tried hard to treat him kind, I've tried hard to treat him kind, But it seems to me his love has gone blind.
The man I've got must have lost his mind, The man I've got must have lost his mind, The way he treat me I can't understand.
I'm gonna find myself another man, I'm gonna find myself another man, Because the one I've got has done gone cold in hand.
Siento que hubo de todo en este fuego a una mano del cielo a una mano del piso a una mano en la mano.
Abajo la raíz la tierra el fruto. Arriba de tus labios esa distancia y ésta más las alas.
Siento que hubo de todo en este fuego a una mano del cielo a una mano del piso.
Abajo aquel latir líquido en sombras y la primer luz para subir para vivir para soñar.
Supe de una tormenta en esos brazos y caricias después del temporal.
Arriba son las palabras las que a veces callamos cuando están en el aire.
Las que a veces regresan sin el gesto en silencio. El caballo girando por la casa y hay un fuego cruzado despintado tu boca.
Siento que hubo de todo en este fuego a una mano del cielo a una mano del piso.
Arriba con tu voz que arroja un nudo al agua y después otro más a la distancia que toca la memoria de las descoloridas mariposas del patio que una mujer pintó hasta volarse y abajo un niño apenas entre señales de humo jugaba que algún día volaría también.
Siento que hubo de todo en este fuego a una mano del cielo a una mano del piso.
Abajo aquellos que recuerdo y no nombro atrás un color gris conteniendo un país.
Ahora el que no soy sobre lluvias caídas en tu ausencia sobre noches pasadas reclamando aquel sur en el mapa de tu cuerpo aquel fuego cruzado a una mano del cielo a una mano del piso a una mano en la mano.
La caracola azul de la mañana y el despertar violento de la rosa volverán a latir debajo de tu piel. Las puertas de cristal del sentimiento se abrirán con un blues: con el blues de la estrella del sur. Es hora ya de que despierten los colores. Es el blues de la estrella del sur. El adiós, la aventura están en los bolsillos de tu ropa. Es el blues de la estrella del sur. Brilla la luna encima de las piedras. Es hora ya, despierta. Es el blues de la estrella del sur.
Manu Cáncer
Stairway To the Stars
There's a silver trail of moonlight leading upward to the sky And the night is like a velvet lullaby There's a heaven of blue And we'll go there, just you and I
Let's build a stairway to the stars And climb that stairway to the stars With love beside us to fill the night with a song
We'll hear the sound of violins Out yonder where the blue begins The moon will guide us as we go drifting along
CHORUS: Can't we sail away on a lazy daisy petal Over the rim of the hill? Can't we sail away on a little dream And settle high on the crest of a thrill?
Let's build a stairway to the stars A lovely stairway to the stars It would be heaven to climb to heaven with you
Let's build a stairway to the stars A lovely stairway to the stars It would be heaven to climb to heaven with you
Para Blanca Mateos, por sus desvelos e insomnios; Por hacer de la poesía panes repartidos.
3
Nos sumergimos en cada instante En el tiempo: Espejo creciente Que nos revela, nos niega o asedia. La noche se convierte en libélulas, En trompetas de ceniza u hollín.
El Blues deslumbra con su luto. La luna, silba con su insomnio alucinante Entre las sabanas del cierzo.
Somos pájaros, astros, oráculos De esa vida que siempre abre balcones Al aguacero del escalofrío, Al delirio profundo de los sueños. Una palabra nos desgarra: La palabra mundo. Mundo de aquí sin afeitarse, Mundo de la indiferencia, Mundo diluyendo los años, Mundo del relámpago, Mundo que se hace noche Mientras la imagen de la ciudad nos extravía Con sus pesadas piedras Y sus pájaros moribundos.
Una palabra, sin embargo, Se hospeda entre escombros: la palabra poesía Que abre sus ojos aleteantes tras las ventanas. ANDRÉ CRUCHAGA
Los negros no fueron incluidos en la declaración de la independencia (1776), y la esclavitud no fue abolida en la Convención Constituyente (1787). A fines de representación de los estados en el congreso y de los impuestos directos, el negro fue computado como tres quintos de hombre.
I
Podrá llamarse Ángela pero ya fue tres quintos, O Julius Lester, Cleaver, también fueron tres Quintos Bobby Seale, James Baldwin o Newton, Jackson, King. Todos ellos tres quintos. Y los antepasados de sus antepasados Ni siquiera tres quintos. Esclavos no resueltos aun por la democracia. Esclavos en el sur entre otras latitudes. Esclavos para sumar esclavos y cosechar esclavos Para que ellos cosechen. Y el día sobre la espalda. Y un sudor de conejo corriendo entre la piel Oscura y el sombrero de paja. Mientras cerca, muy cerca Los iniciados del ku Kux Klan prestaban Juramentos horrendos junto a una cruz en llamas. Ellos, todos McCarty escondiendo su asco detrás De una capucha. Entonces, la silueta carbón, el río de carbón Seguía piel al sol. Pájaro transparente en las entrañas de la Primavera.
II
Pero ¿Es que existen colectivos multicolores donde No hay espacio para ellos? Y escuelas ¿Existen escuelas donde no hay pizarrones ni tizas Para ellos? ¿Ni siquiera cuadernos para ellos? Pero ¿Es que existen plazas donde no hay bancos para ellos? ¿Dónde no hay aire para ellos, ni sus hijos de ellos? Existe todo eso Y más y más y mucho y la tristeza entrando en la Soledad Brothers. Aimé Cesaire dijo que era bueno ser negro. Aimé Cesaire dijo que era bello ser negro. Lumumba lo sabía allá en su Congo, en su sonrisa Y en su muerte, Y en su sonrisa ahora que hace tantas sonrisas.
III
Andan de piel hermosa como gamo en el aire Con su pelo de luna muerta a besos, apagada tan cerca. Con su patria de selva en el vestido (Los iguales pero separados). Luther king dijo que la violencia era ineficaz, Y con esa eficacia lo callaron. Y a Malcom X mataron y a George Jackson y a muchos Otros mataron. Y hasta pusieron en un templo, un explosivo, Una boca de alambre, Y cuatro niños con sus oraciones mandaron a Dormir sus vocecitas de pan mojado en leche.
IV
Salieron a la calle ¡Quema muchacho quema! Sus bocas dibujaban ¡quema muchacho quema! Y en Harlem, la guitarra más pobre de Nueva York Sonó con notas de libertad negra. ¡quema muchacho quema! Y estalló en Filadelfia y en Florida y en Watts y en ríos Y ciudades donde todos gritaban ¡quema muchazo quema! Lester dijo: la violencia no es buena ni mala, es.
(...) Hay cierto disco de Memphis Slim del sello Bluesville que comienza con su voz, no cantando sino hablando encima del piano. Es un sutil placer dejar caer la aguja, sentir las primeras notas y de inmediato, cuando aún no me he alejado del tornamesa, escucharlo bien cerca saludándome: “Hello, I’m Memphis Slim”. Acto seguido, regala una lluvia de notas que siento como punzadas en el corazón. Es como si después de que él dijera “hola, soy Memphis Slim”, sus dedos completaran la frase sobre el teclado: “Y estoy triste”.
Mi almacén está triste. Esta mañana puse a sonar el Alone de Bill Evans y ahora en la tarde saco del cuartel a Memphis Slim. Los parlantes están dirigidos hacia el centro del local, ambas ondas salen y se tocan y rebotan llenando de música todo el espacio. El sonido del piano es magnánimo.
Justo cuando siento mi desazón tan profunda que nadie la puede entender, aparece Memphis Slim tocando un blues muy lento y pareciera retratarme la tristeza. Ya no me hundo en mis pesares porque el piano va volviéndolos hermosos. Y siento que es una dicha que haya pianos y pianistas porque en un momento urgente son capaces de sanarnos las heridas.
Memphis Slim me devuelve la calma y Bill Evans me recuerda la belleza. Todos los pianistas velan por mí desde el parnaso porque su dominio es el de las emociones, su instrumento está hecho de la misma materia de los sueños. (...) Juan Carlos Garay
(Looking for the heart of saturday night) TOM WAITS
A Luis Antonio de Villena
A lo largo del tiempo y en diversas ciudades, he observado a esa gente que transita en la noche: bebedores anónimos, muchachitas de un día, cuarentones que regresan vencidos del amor, todos ellos buscadores sin mapa de un tesoro.
Por calmar otra sed beben sin ganas, y en sus ojos he visto esas preguntas que a veces el amor supo acallar, pero muerto el amor, de regreso en la noche, en sus ojos seguían las preguntas, esas mismas preguntas que se hicieron los poetas románticos al contemplar la luna, pero también los griegos y los árabes y tantos otros cuya historia desconoce esa gente que se hace esas mismas preguntas, esas tristes preguntas que a mí me asaltan hoy ante esta copa: en la falsa moneda de la noche ¿he buscado su brillo o he buscado su sombra? ¿Qué queda de la dicha que algún sábado he creído sentir, o es que sólo existe fingimiento en la alegría? ¿Qué ciudades, qué noches, qué luces o qué sombras, qué palabras, qué cuerpos, o qué extraño cansancio calmarán este afán de vivir que la vida no sacia?
Para expresar lo que en las noches siento, lo que en tantas ciudades y a través de los años he sentido al volver los sábados a casa, derrotado y dichoso, solitario, debería quizá recurrir a la imagen de esos vasos vacíos que la noche abandona y en los que brilla el sol por un instante al despuntar el día, o haber sido un buen músico quizá, escuchad a Tom Waits y dejad de leerme: ahorasólo a un blues se parece mi alma.
Me basta acariciar la dentadura del piano para escuchar el grito de marfil que una manada de elefantes salvajes, acorralados en algún lugar de África, pudo refugiar de forma mítica entre el soplo de los ébanos del bosque.
Lo sé, y cuando a mi vez escapo de mis sombras interiores, conjugo los silencios y los colores de la voz con una tristeza de lujo y charol, y me basta la noche y el humo de un whisky ajeno para poner falanges y metacarpos sobre la eufonía de la naturaleza y quedar libre de calles y dormir con las manos manchadas de blues.
***
El ángel de la guarda del prostíbulo moría encerrado en la cómoda a la que acudíamos de niños para interrogarlo acerca del beso Lo habían enviado como vigía de los tropiezos de una mujer que vendía primavera y estaciones como rutina laboral ; pero sin saber con quién, ella encontró un aleatorio viaje de ilusiones, para el cual su ángel no había recibido instrucciones.
Pienso en un tigre. Bajará a la ciudad a la hora en que abren los bares y se expande un intenso perfume humano. Anochece. Sediento se acodará en la barra y beberá unas copas con los ojos prendados del brillo siniestro y metálico, dúctil su lengua, aromado el local con un vaivén continuo de clientes. De fondo un blues elástico y el rugir endiablado de las máquinas tragaperras. Observa en silencio y remoja sus fauces.
Le delata la garra que esconde su camisa. Nadie diría, por su aspecto, que es un cruel asesino de la selva, sino un hombre sin prisas, indolente, incapaz de inventarse otra rutina. Cada viernes, tierno y solitario, cometerá un crimen sin más rastro que un poema olvidado sobre la barra.
Por las calles un ritmo de fantasmas Un mundo de siluetas
La noche es esta erguida pasión de los escombros
Se fue la luz Se perdió la ciudad Es otra dimensión la de su estar a ciegas Se mete en los pulmones la negrura (Hubo una vez la luna blanqueando la memoria).
2
El blues arrastra la mañana y las hojas Todo se ha caído de su sitio El día se salió de su dorado camarín y se hundió en la neblina
Llega el blues con sus pasos de jaguar a olisquear en mi cuerpo su próximo banquete.
3
Amanece Ha comenzado a arder el corazón del día
Tensa sus poderosos músculos Ruge con qué terrible fuerza Ventea la dirección de la desgracia y se echa a andar
Cenizas humeantes bajo su planta Olfatos de un amargo manjar
Lame el monstruo su desamor crimen tras crimen
Cada noche el sueño que la enjaula fortalece sus músculos Afila sus colmillos y sus garras
Véndeme si puedes un canario amarillo que cante notas rojas los aretes que le faltan a la luna el diente de un lagarto que no llora un reloj que dé las 12 en mi esperanza el blues ancestral asesorando al humo la carrera del conejo y la tortuga la lujuria de Blancanieves y los siete pecados capitales las barbas de Carlos Marx y la locura de Van Gogh
Véndeme fantasías para los niños que trabajan y un poco de rabia para los que se conforman.
Véndeme pero véndeme barato la ternura es la única moneda que me queda.
En el 32, Ellington grabó Baby when you ain’t there, uno de sus temas menos alabados y al que el fiel Barry Ulanov no dedica mención especial. Con voz curiosamente seca canta Cootie Williams los versos:
I get the blues down North, The blues down South, Blues anywhere, I get the blues down East, Blues down West, Blues anywhere. I get the blues very well O my baby when you ain't there ain't thereain't there
¿Por qué, a ciertas horas, es tan necesario decir: «Amé esto?» Amé unos blues, una imagen en la calle, un pobre río seco del norte. Dar testimonio, luchar contra la nada que nos barrerá. Así quedan todavía en el aire del alma esas pequeñas cosas, un gorrioncito que fue de Lesbia, unos blues que ocupan en el recuerdo el sitio menudo de los perfumes, las estampas y los pisapapeles.
Droning a drowsy syncopated tune, Rocking back and forth to a mellow croon, I heard a Negro play. Down on Lenox Avenue the other night By the pale dull pallor of an old gas light He did a lazy sway . . . He did a lazy sway . . . To the tune o' those Weary Blues. With his ebony hands on each ivory key He made that poor piano moan with melody. O Blues! Swaying to and fro on his rickety stool He played that sad raggy tune like a musical fool. Sweet Blues! Coming from a black man's soul. O Blues! In a deep song voice with a melancholy tone I heard that Negro sing, that old piano moan-- "Ain't got nobody in all this world, Ain't got nobody but ma self. I's gwine to quit ma frownin' And put ma troubles on the shelf."
Thump, thump, thump, went his foot on the floor. He played a few chords then he sang some more-- "I got the Weary Blues And I can't be satisfied. Got the Weary Blues And can't be satisfied-- I ain't happy no mo' And I wish that I had died." And far into the night he crooned that tune. The stars went out and so did the moon. The singer stopped playing and went to bed While the Weary Blues echoed through his head. He slept like a rock or a man that's dead.
by Langston Hughes
LOS CANSADOS BLUES
Repitiendo una somnolienta, sincopada melodía, Meciéndose al son de un suave tarareo Oí tocar a un Negro. La otra noche en la avenida Lenox A la tenue palidez de una vieja luz de gas Con lento balanceo… Con lento balanceo… Se movía al ritmo de los Cansados Blues. Sobre el marfil del teclado sus manos de ébano Arrancaban del pobre piano una melodiosa queja. ¡Oh, Blues! Tambaleándose sobre el oscilante taburete Tocó esa raggy y triste melodía como un bufón musical.
¡Dulce Blues! Que surge del alma de un negro. ¡Oh, Blues!
Con voz profunda y tono melancólico Oí cantar a aquel Negro, quejarse al viejo piano:
“qué solo estoy en el mundo, No me tengo más que a mí. Pero, basta ya de quejas, Dejo mi penar aquí”.
Pom, pom, pom, con el pie en el suelo marcaba el compás. Tocó unos acordes, cantó un poco más:
“tengo los Cansados Blues, No consigo estar contento. Tengo los cansados Blues, No consigo estar contento. Ya no puedo ser feliz, Ojala me hubiera muerto”.
Y hasta avanzada la noche siguió su tarareo. Desapareció la luna y las estrellas se fueron. No tocó más el cantante y se marchó a la cama. En su cabeza aún el eco de aquellos blues resonaba. Como un tronco o como un muerto se durmió de madrugada.