Who's prepare to pay the price for a trip to paradise? Billie Holiday, Love for sale
Gorrión triste que anida entre el piano y el humo, esta garganta inventa la sustancia más oscura de la noche. Revelación de lo que existe detrás de la ingrávida tiniebla de los predestinados, carne inútil e intensa como este canto de embriaguez, lámpara votiva de las alucinaciones, luna sembrada de alcohol, muchacha que flota, muchacha que vuela, alambre vivo, ella nombra el sustrato profundo de los cuerpos, aguja que teje un sol líquido a la sangre, oh baby, quiero dormir. Darío Jaramillo Agudelo
Viene del lado inmóvil del tiempo,
suena
desde una cueva oscura esa voz que nadie localiza,
flota en el aire,
se empoza en la nostalgia, como un presagio líquido,
surcando la penumbra gris del atardecer.
He aquí, en un remolino de pájaros, la música;
el vértigo indomable de la voz, y John Lennon
sueña, imagina,
eleva
la construcción del grito,
la precisión insomne
de la luz insaciada.
John Lennon, a lo lejos,
trepa por el crepúsculo,
y reverdece el cauce del calendario,
como si un maremoto,
recorriendo el declive de la memoria,
el velo del origen descorriera.
He aquí la perfección de la tristeza
que mide la distancia de la noche,
su indescifrable código,
sus ocultos designios,
en tanto
dilapida sus pétalos la duda.
No es acaso John Lennon quien cruza la avenida,
sino una sombra dulce que no borró la lluvia,
anclada a un tocadiscos que, pese a todo, suena,
mientras entre los sauces se atrinchera el otoño.
Viejo solitario de la tarde,
te veo con tu vaso de ron, escribiendo
tu tristeza de niebla, trajinante
como una yegua loca, sorbiendo lentamente
una lágrima gris, deslucida, amarillando
junto a la briosa estación del verano.
Te veo envuelto en papeles oscuros
en el departamento quieto, separado
de la ciudad, caminando en sigilo,
viendo que gota a gota se te escapaba el cielo,
huyendo en la bruma metálica de la lluvia,
resguardado en los terribles potros que cabalgaban
tu antiguo vicio de llorar despierto.
Te resucito en las pavesas alejadas
en las remotas playas del insomnio acezante
y en los inquietos torbellinos de espera.
De niño te encuentro en un caserón deshabitado
y siento crecer en ti brillantes mariposas,
el júbilo de los cuerpos desconocidos
deseados en cualquier parte.
Te quiero en ese resplandor de miedo voluptuoso
donde nació el acento melancólico,
en las ventanas del sueño, en ese gemir suave
de adolescente incendiado en el otoño,
te quiero en el vaivén de habitaciones olvidadas,
ignorado en escalerillas fantasmas,
martillando una angustia sin nombre,
tragando besos sucios a hurtadillas del día,
comprando una primavera inexistente
bajo un silencio de sombras y sábanas revueltas.
Te busco guarecido en oscuros cinematógrafos,
hundido en cualquier esquina, pensativo,
rumiando tu ingenuidad desmelenada,
sentado en algún bar, fugitivo en derrota,
oyendo un vulgar silbido de jauría,
almacenando siluetas, rompiendo espejos falsos,
lanzando amargas flechas sin respuesta.
Y te gustaba pasear sobre los puentes,
sentir correr los ríos, oír el mar,
te esfumabas con las volutas del ocaso
y mirabas de vez en cuando a las estrellas.
A veces te dolía la vida, casi recuerdo tu gesto,
tu voz taciturna, aquellos ojos que se perdían
tras una lejanía invisible,
tus manos desgranadas en las puertas del alba,
la canción siempre hirviendo en tus torres de espanto,
el violín cabizbajo que reptaba tu ensueño
la máquina de escribir que te seguía
y los discos de jazz disfrazándose en la penumbra.
Entonces añoro las cortinas regadas en torno tuyo,
ese misterio vacío, esa leyendas de avenidas esparcidas,
la guitarra del viento acompañada de roncas voces,
las vacilantes perspectivas de los desvanes macilentos,
el suicidio de peregrinas campanas desquiciadas
desapareciendo en las esclusas derruidas del tiempo.
Añoro las dispersas ansiedades que desgarraron
tu vibrar de avecilla desgajada al invierno,
tu displicente recorrido de espermas apagadas,
la aguja que rompía tu vibrante relámpago,
la cuchilla del sexo trepanndo tus nervios,
tu tibio abrazo dulce de ruiseñor tremendo,
las noches en que el mundo te crujía insepulto
tras una cordillera de plumajes azules,
la rosa que perdiste en las veredas náuticas,
la emoción presentida, los caminos abiertos
a tus zapatos que hollaban las inciertas regiones
donde un ancla de bermellón ataja los placeres prohibidos
tras las puertas abiertas desbocadas al sueño.
Te siento pasajero, de una inmensidad amorfa
viviendo en las filas de los que retan, en esa
difícil soledad de ir cargando una cantidad de absurdas cosas,
entre fórmulas aparatosas y obligadas,
en una pirámide de aburrimientos continuados,
y el hastío de ir repitiendo historias
en evasiones que se esconden en laberintos
dislocados, en ese rugir sordo que nace y quema,
en la protesta que vuelca y hiere
junto a las murallas.
Porque llega la hora en que ya nada importa
y entonces explotaron tus versos, te regaste
como una erupción incandescente, como una lava violenta.
Porque morías en la secuencia de las semanas
de disecadas focas, en las farolas mudas
que quiebran los anhelos caracoleantes,
en los lechos abandonados, en los cocodrilos
de taxidermia inconclusa, en los años que doblan,
en ese instante de ya no sorprenderse,
en ese susto repentino que arrasaba, desolador,
temible, en la repentina voz que aullaba
exigente, profunda, en un fluido de fiebre
como una líquida plataforma que te llevara.
Ahí estaban las azoteas del hielo,
el grito partiéndose en pedazos,
la atribulada pesadumbre de repartirse,
de huir, de esconderse en suburbios pedregosos,
de ser frágil, de humo, efímero, de sólo aventar
un ruego caldeado en disgregados cristales,
en un frío que recorría callejones sonámbulos,
intemperies agonizando bajo epilépticos alambres
sincronizados al fúnebre estertor.
Y te esfumabas en la sangre disuelta de los cadáveres morados,
en la serenidad del paseante
que violaba las tiránicas ataduras, en la fiera,
inextinguible antorcha que encendías, en la valiente
y dolorosa actitud de ser tú mismo.
No era necesaria una nueva acometida de la soledad
para que lo supiera.
Navegaba la mar por un rumbo desconocido para mis manos.
Donde el amor moró y tuvo reino
queda ya sólo un muro que avasalla la hierba.
Queda una hoja de papel no en blanco
donde está anocheciendo.
Donde goteaba luceros una noche
sobre unos hombros limpios como verdad mostrada,
sólo queda una brisa sin destino.
Donde una mujer fundara un beso,
sólo árboles postrados al invierno.
Y no era necesario decirlo.
El corazón sin que sea una lágrima
puede sombrear las mejillas.
La ventana da a la tristeza.
Apoyo los codos en el pasado y, sin mirar, tu ausencia
me penetra en el pecho para lamer mi corazón.
El aire es una mano que está hojeando mi frente.
Mi frente donde la luna es una inscripción,
una voz esculpiendo su olvido.
Como humo la luna se levanta
de entre las ruinas del atardecer.
Es muy temprano en ese azul sin rostro.
No era necesario enturbiar la soledad
con el polvo de un beso disuelto.
No era necesario
memorizar la noche en una lágrima.
Labios sobrecogidos de olvido,
pulsaciones de un oleaje de mar ya retirándose,
ruido de nubes que el otoño piensa.
Hay lápices en forma de tiempo, vasos de agua
donde el anochecer flota en silencio.
Hay una rama de árbol como un brazo esculpido
por algún abandono.
Hay miradas y cartas donde la noche
puso en marcha al vacío,
a las frentes que extinguen su remoto color
sobre letras que enlazan señales de viaje.
Aquí está la tarde.
Puede enrolarse en ella quien esté enamorado.
Aquí está la tarde para designar una ausencia.
Suena en mi pecho el mundo
como un árbol ganado por el viento.
No era necesaria la tarde, tampoco este cigarro cuyo humo
puede ser otra mano evaporándose.
Invernará la noche en mi pecho.
No era necesario saberlo.
No tiene importancia.
Espero una carta todavía no escrita
donde el olvido me nombre su heredero.
¡Ay dolor!, ¿eres amor? A veces me exasperan los ritmos del Jazz hot Y es tan solo ternura mi desesperación. A veces… Yo no sé. Cuando sale tan sola la voz del saxofón Y me llora por los adentros aquel niño de ayer, Aquel, aquel… Yo no sé. A veces, cuando truena la vida sin sentido, A veces… Yo no sé. El saxo es como un niño que se fue por el bosque Y yo me voy por él Buscando la casita del buen leñador O la de caramelo, O la de…, Buscando no sé qué, Hermano saxofón. ¡Eh¡ Que no quiero llorar más, Ni recordar, ni pensar. ¡Eh…!
En viejas grabaciones de Jazz me gusta oír Los rumores que llegan desde el público. Alguien grita con voz enronquecida, Feliz por el trabajo de los músicos. Hay aplausos; alguna copa rota. El pulso del local en el suburbio De una ciudad del sur. Momentos únicos Que cada vez regresan del pasado. Algo muy parecido debe ser la vida Más allá de la muerte: el perdido Rumor de voces de una noche de música. Quizá el alma inmortal sea el instante Preciso, frágil, breve, cuando un baso Tintinea en un viejo disco de Jazz.
De gris cristalería, plumas sobre los puentes ferroviarios. De veloces astillas. Gacela maniatada. De compromisos frutales y margaritas. En hélices que narran la fórmula de las estaciones. Y silencios de ardida superficie. En terrenos baldíos donde los niños lanzan increíbles estrellas al corazón de las hojas futuras, mi propio corazón guardado por infieles llaves, mi mano derecha consagrada al olvido, al fuego de este día que pasa sin detenerse en acuerdos de índole amorosa ni en las cartas que se escriben esperanzadamente ni en el rumor de la sangre en un vaso de rosas fugitivo, y tiñe de vejez el vuelo de tu falda, cuando en arcos sonoros, tú, la sonriente, provocas su ademán adusto, distraes su intención fluvial.
¿Entonces? Entonces, nada. Sólo que, la melancolía, en ventanas firmemente escolares, giradora en el vacío de los árboles, sobre el austero césped dominical sin testimonio, únicamente en medio de la lluvia que posiblemente cae con designio sagrado: cae sobre las manos de mis antepasados inhábiles guitarristas, dulces adoradores de la piedra tallada. Sobre sus ojos ausentes, rota en girasoles, cae llena de instrumentos sonoros totalmente anegada de puentes sojuzgados.
Ese otro que también me habita, acaso propietario, invasor quizás o exiliado en este cuerpo ajeno o de ambos, ese otro a quien temo e ignoro, felino o ángel, ese otro que está solo siempre que estoy solo, ave o demonio esa sombra de piedra que ha crecido en mi adentro y en mi afuera, eco o palabra, esa voz que responde cuando me preguntan algo, el dueño de mi embrollo, el pesimista y el melancólico y el inmotivadamente alegre, ese otro, también te ama.
Darío Jaramillo Agudelo
ME, MYSELF AND I
Billie Holiday (Nueva York, Junio 15 de 1937)
Me, myself and I Are all in love with you We all think you're wonderful We do Me, myself and I Have just one point of view We're convinced There's no one else like you It can't be denied dear You brought the sun to us We'd be satisfied dear If you, you'd belong to one of us So if you pass me by Three hearts will break in two
Cause me, myself and I Are all in love with you Me, myself and I Are all in love with you We all think you're wonderful We do Me, myself and I Have just one point of view We're convinced There's no one else like you It can't be denied dear You brought the sun to us We'd be satisfied dear If you'd belong to one of us So if you pass me by Three hearts will break in two Cause me, myself and I Are all in love with you
Desportillas las lágrimas del alba Íntegramente fundes el oro de la noche Hieres el prolongado tuétano azul de los deseos Tus palabras de paso de gato montés Al filo de un millón exacto de neones Ríen Tu soplo quiebra el ágata del mundo Celada como la flor de cristal En tu bolsillo insondable De arcángel palomilla
Y qué es lo que vas a decir voy a decir solamente algo
Y qué es lo que vas a hacer voy a ocultarme en el lenguaje
Y por qué tengo miedo
Alejandra Pizarnik
COLD IN HAND BLUES
Jack Gee / Fred Longshaw 1925
por Bessie Smith con Louis Armstrong & Fred Longshaw (piano) 24 de Enero de 1925 - Nueva York
I've got a hardworkin' man, The way he treats me I can't understand; He works hard every day And on Sat'day throws away his pay! Now I don't want that man, Because he's gone cold in hand.
Now I've tried hard to treat him kind, I've tried hard to treat him kind, But it seems to me his love has gone blind.
The man I've got must have lost his mind, The man I've got must have lost his mind, The way he treat me I can't understand.
I'm gonna find myself another man, I'm gonna find myself another man, Because the one I've got has done gone cold in hand.
Siento que hubo de todo en este fuego a una mano del cielo a una mano del piso a una mano en la mano.
Abajo la raíz la tierra el fruto. Arriba de tus labios esa distancia y ésta más las alas.
Siento que hubo de todo en este fuego a una mano del cielo a una mano del piso.
Abajo aquel latir líquido en sombras y la primer luz para subir para vivir para soñar.
Supe de una tormenta en esos brazos y caricias después del temporal.
Arriba son las palabras las que a veces callamos cuando están en el aire.
Las que a veces regresan sin el gesto en silencio. El caballo girando por la casa y hay un fuego cruzado despintado tu boca.
Siento que hubo de todo en este fuego a una mano del cielo a una mano del piso.
Arriba con tu voz que arroja un nudo al agua y después otro más a la distancia que toca la memoria de las descoloridas mariposas del patio que una mujer pintó hasta volarse y abajo un niño apenas entre señales de humo jugaba que algún día volaría también.
Siento que hubo de todo en este fuego a una mano del cielo a una mano del piso.
Abajo aquellos que recuerdo y no nombro atrás un color gris conteniendo un país.
Ahora el que no soy sobre lluvias caídas en tu ausencia sobre noches pasadas reclamando aquel sur en el mapa de tu cuerpo aquel fuego cruzado a una mano del cielo a una mano del piso a una mano en la mano.
¡Qué hermoso era el sonido de la trompeta Cuando el músico contuvo el aliento Y el aire de todo el universo Entró por aquel tubo ya libre De todos obstáculos!
Qué bello resultaba el estremecimiento Producido por el roce De los huracanes contra el metal, De los cálidos Vientos del sur, y luego del helado Austral, que dio la vuelta al mundo. El viento solano llego lleno de luz Salpicando de sol y de verano. El siroco dejo un poco de arena, Y el mistral era casi silencio, Igual que los alisios.
Pero escuchad, Escuchad todavía El ramalazo, La poderosa ráfaga Deja Sobre la piel La húmeda caricia del salitre.
Un grito agudo interrumpió la melodía. El artista, extrañado, Agitó su instrumento, Y cayó al suelo, yerta, rota, Una brillante y negra golondrina.
La caracola azul de la mañana y el despertar violento de la rosa volverán a latir debajo de tu piel. Las puertas de cristal del sentimiento se abrirán con un blues: con el blues de la estrella del sur. Es hora ya de que despierten los colores. Es el blues de la estrella del sur. El adiós, la aventura están en los bolsillos de tu ropa. Es el blues de la estrella del sur. Brilla la luna encima de las piedras. Es hora ya, despierta. Es el blues de la estrella del sur.
Manu Cáncer
Stairway To the Stars
There's a silver trail of moonlight leading upward to the sky And the night is like a velvet lullaby There's a heaven of blue And we'll go there, just you and I
Let's build a stairway to the stars And climb that stairway to the stars With love beside us to fill the night with a song
We'll hear the sound of violins Out yonder where the blue begins The moon will guide us as we go drifting along
CHORUS: Can't we sail away on a lazy daisy petal Over the rim of the hill? Can't we sail away on a little dream And settle high on the crest of a thrill?
Let's build a stairway to the stars A lovely stairway to the stars It would be heaven to climb to heaven with you
Let's build a stairway to the stars A lovely stairway to the stars It would be heaven to climb to heaven with you
Sálvalo, mamita, Sálvame tantas noches de naufragio, Salva tu blusa azul (era en enero, en Roma) Sálvalo todo, o salva lo que puedas.
Esto se viene abajo, pretty mama, Sálvalo del olvido, no permitas Que se llueva la casa, que se borre La trattoria de Giovani, Corre por mí por ti, sálvalo ahora, Te estás yendo y los pájaros se mueren, Me voy de ti te vas de mí, no hay tiempo, Sálvalo pretty mama, La voz de Satchmo y ese grito Que te sumía en lo mas hondo del amor, Save it all for me, Save it all for you, Save it all for us.
It don't mean a thing, if it ain't got that swing do bop do bop do bop do bop do bop...
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Me sirven las cosas que a nadie le sirven, me huele a pan las miradas de la gente, me da risa lo ausente, me como las flores para alimentar el alma, y me enamoro de lo imposible, me enamoro de alacranes.
En días de carnaval me baila el corazón y la sangre es un río n por las vanidades ajenas.
Pero el resto del año me peino con agua, me lavo en el río, me alimento del aire y de los sueños repudiados.
En las noches tristísimas de la navidad se me incrusta el jazz adentro de la vida y me voy a la calle y floto con los recuerdos… nada de caminar rápido.
Y como no sé hacer nada distinto a leer historias de la calle y la gente no me reconoce taras y me ve la fe en el rostro debo hacer confesión pública: soy inútil para causas ajenas al amor.
La Luna: podemos verla, oírla y leerla a través de la pintura, la música y la poesía. Un sutil popurrí del arte para la hermosa Selene.
RenéMagritte - Le Chef d'Oeuvre
Hombre Que Mira La Luna
Es decir la miraba porque ella se ocultó tras el biombo de nubes y todo porque muchos amantes de este mundo le dieron sutilmente el olivo, con su brillo reticente la luna durante siglos consiguió transformar el vientre amor en garufacursilínea la injusticia terrestre en dolor lapizlázuli cuando los amantes ricos la miraban desde sus tedios y sus pabellones satelizaba de lo lindo y oía que la luna era un fenómeno cultural pero si los amantes pobres la contemplaban desde su ansiedad o desde sus hambrunas entonces la menguante entornaba los ojos porque tanta miseria no era para ella
RenéMagritte - El vestido de la noche
Hasta que una noche casualmente de luna con murciélagos suaves con fantasmas y todo esos amantes pobres se miraron a dúo dijeron: no va más, al carajoSelene! se fueron a su cama de sábanas gastadas con acre olor a sexo deslunado su caminado de crujiente vaivén y libres para siempre de la luna lunática fornicaron al fin como dios manda o mejor dicho como dios sugiere.