martes, 25 de noviembre de 2008

Take five



Hay un motivo,
unas gotas de lluvia
un cigarro y un jazz
para olvidar las nubes
de un cielo que no es mío.
El saxofón que trae recuerdos
de comidas cubanas
con palmeras y brisa,
las plantas y las yerbas del trópico
las risas de los niños
que juegan con granizos
que aquí no existen.

París, 1981.

MARISA TREJO SIRVENT

Video: Contigo en la distancia. Saxofón: Paquito D'Rivera.

jueves, 20 de noviembre de 2008

Un Tigre

Pienso en un tigre.
Bajará a la ciudad
a la hora en que abren los bares
y se expande un intenso perfume humano.
Anochece. Sediento
se acodará en la barra y beberá
unas copas con los ojos prendados
del brillo siniestro y metálico,
dúctil su lengua, aromado el local
con un vaivén continuo de clientes.
De fondo un blues elástico y el rugir
endiablado de las máquinas tragaperras.
Observa en silencio y remoja sus fauces.

Le delata la garra que esconde su camisa.
Nadie diría, por su aspecto,
que es un cruel asesino de la selva,
sino un hombre sin prisas, indolente,
incapaz de inventarse otra rutina.
Cada viernes, tierno y solitario,
cometerá un crimen sin más rastro
que un poema olvidado sobre la barra.

Mercedes Escolano

martes, 11 de noviembre de 2008

PARKER CONVERSA CON LA MUERTE




Se vuelve gris el oro en putrefactos
Tugurios de tu sombra.
Soy aun el negrazo de huesos inmortales
Que improvisa durísimas baladas:
Con los húmeros llenos de pinchazos,
Sigo siendo el mejor entre los saxos altos.

Se parece a la vida: otra vez
Llevo a Art Blakey a la batería
-voz de pozo-, la música callada
Y negra de Bud Powell, el maligno
Sonido de Miles Davis, tú al bajo.
Formamos el quinteto
Más brillante de Jazz entre los muertos.


Joan Margarit

miércoles, 5 de noviembre de 2008

VISIÓN SUPERFICIAL DE LOS ESCOMBROS


1

Por las calles un ritmo de fantasmas
Un mundo de siluetas

La noche es esta erguida pasión de los escombros

Se fue la luz
Se perdió la ciudad
Es otra dimensión la de su estar a ciegas
Se mete en los pulmones la negrura
(Hubo una vez la luna blanqueando la memoria).

2

El blues arrastra la mañana y las hojas
Todo se ha caído de su sitio
El día se salió de su dorado camarín
y se hundió en la neblina

Llega el blues con sus pasos de jaguar
a olisquear en mi cuerpo su próximo banquete.


3

Amanece
Ha comenzado a arder el corazón del día

Tensa sus poderosos músculos
Ruge con qué terrible fuerza
Ventea la dirección de la desgracia
y se echa a andar

Cenizas humeantes bajo su planta Olfatos de un
amargo manjar

Lame el monstruo su desamor
crimen tras crimen

Cada noche
el sueño que la enjaula fortalece sus músculos
Afila sus colmillos y sus garras

Cruza el umbral del sueño

Atrás
despedazada
queda la jaula.

Efraín Bartolomé

viernes, 31 de octubre de 2008

Solo De Trompeta



Cuando ya las miradas de todos se conocían vagamente,
a través de las pupilas nubladas por el alcohol,
de aquella música confusa, de la penumbra de aquel humo,
del caos vino un silencio imperceptible,
y una trompeta sola, de fuego, nos quemaba la vida.

O acaso era de hielo aquella música:
inertes los sonidos, para que cada uno de nosotros
los hiciese movibles, los llenase de espíritu.
Por cada uno de los hombres
la música cantaba diferente: con alegría estéril
en la mujer que me miraba, con cansada tristeza
en unos yertos labios, y en el muchacho solitario
con profunda nostalgia de vejez; la música cantaba diferente,
sin que nadie supiera
cómo sonaba junta, con qué intenso dolor.

En aquel cuarto oscuro
nada correspondía a la verdad del hombre:
la emoción estridente del músico era falsa,
torpe el engaño de los otros.
La verdad es humilde y es sencilla.
La soledad, al compartirla con otras soledades,
hace más viva la impotencia.
y empuja al hombre entonces a regiones heroicas
con sólo el sentimiento.

Después cae un cansancio sobre el alma
por esta lucha inútil, se resiente
tanta falsa virtud, la mentida pureza;
y cuando la trompeta, desmayada, se extingue en el silencio,
sólo quedan visibles, descubiertos al fin, los más ocultos,
los más tenaces vicios:
se reconocen las miradas, y puede haber piedad,
y hasta sentir alguno un tibio amor.
La trompeta de fuego,muda sobre una mesa,
la vemos amarilla, y está vieja y rayada.

Francisco Brines

sábado, 25 de octubre de 2008

Helpless

(and in my mind I still need a place to go)

Sobre esta cama donde se acostó el mar
y se guardaron las cenizas de alejandría
y las hormigas almacenaron las provisiones durante el verano del holocausto
y la más despreciable hechicera escribió su recetario para exterminar el mal de amor
en la mismísima cama donde la maja y las venus posaron
donde juana la loca veló a felipe el hermosos por siete provincias
donde el espíritu santo fecundó a maría
aquí en la única cama traficada por fenicios
que sirvió de mapa para barbarroja
y fue alfombra mágica del príncipe ishtar
en la auténtica cama donde parió la primera elefanta en cautiverio
donde Charlie Parker tocó por última vez el saxofón
y a una mujer al mismo tiempo
y ,años antes, Jesús meditó su discurso del monte de los olivos
es donde entiendo que cada cama es un país que no existe

José Eugenio Sánchez

jueves, 23 de octubre de 2008

Rayuela - Capitulo 10

Boomp3.com

[…] Pero después venía una guitarra incisiva que parecía anunciar el paso a otra cosa, y de pronto (Ronald los había prevenido alzando el dedo) una corneta se desgajó del resto y dejó caer las dos primeras notas del tema, apoyándose en ellas como en un trampolín. Bix dio el salto en pleno corazón, el claro dibujo se inscribió en el silencio con un lujo de zarpazo. Dos muertos se batían fraternalmente, ovillándose y desatendiéndose, Bix y Eddie Lang (que se llamaba Salvatore Massaro) jugaban con la pelota I’m coming, Virginia, y dónde estaría enterrado Bix, pensó Oliveira, y dónde Eddie Lang, a cuántas millas una de otra sus dos nadas que en una noche futura de París se batían guitarra contra corneta, gin contra mala suerte, el jazz.

—Se está bien aquí. Hace calor, está oscuro.

—Bix, qué loco formidable. Poné Jazz me Blues, viejo.

—La influencia de la técnica en el arte —dijo Ronald metiendo las manos en una pila de discos, mirando vagamente las etiquetas—. Estos tipos de antes del long play tenían menos de tres minutos para tocar. Ahora te viene un pajarraco como Stan Getz y se te planta veinticinco minutos delante del micrófono, puede soltarse a gusto, dar lo mejor que tiene. El pobre Bix se tenía que arreglar con un coro y gracias, apenas entraban en calor zas, se acabó. Lo que habrán rabiado cuando grababan discos.

—No tanto —dijo Perico—. Era como hacer sonetos en vez de odas, y eso que yo de esas pajolerías no entiendo nada. Vengo porque estoy cansado de leer en mi cuarto un estudio de Julián Marías que no termina nunca. [...]

Julio Cortázar - Rayuela

miércoles, 22 de octubre de 2008

Por Los Barrios Del Mundo Viene Sonando Un Lento Saxofón



Mientras que William Faulkner
halla los agrios del lenguaje,
hoza en Yoknapatawpha
levantándola hirviéndola
cuida la construcción feroz
de una nueva novela y cuida
su innegable talento epilepsíaco;
mientras que William Faulkner
irrumpe en el conflicto negro
con un relincho ambiguo, ahíto
de tradición, desprecio al Norte,
discurso estéril e insensato orgullo,
los negros, muchos negros,
algunos negros, inflamados de
la horrible historia del Mississippi,
con la memoria chorreando
por el sudor del algodón
y varios siglos de negros abuelos
retumbando a sus pies bajo el tiempo y la tierra,
cantan, vense impelidos
a seguir componiendo
música entre paréntesis:
negro spirituals.

Mucho de lo que vimos
es vida entre paréntesis.
Blancos segando arroz en Tarragona
con el agua a los muslos,
las sanguijuelas de los arrozales
alimentándose de ellos.
Periódicos occidentales
informando de blancos muertos
en el frente, o de hambre,
o bajo un viejo caserón derruido.
Blancos en paro. Blancos en exilio.
Blancos dando betún
sobre sus cartucheras.
Blancos bebiendo el vino
de la derrota disfrazada.
Blancos buscando
la propia estimación en los burdeles.
Blancos meditativos, ingresando,
amargura sobre amargura,
en el cinismo, esa
sublimación para los faltos de recursos.

Del Sena al Plata,
del Támesis al Rin,
un rumor blanco busca desperdicios
y hurga en la realidad hostil
y en su razón, dispersa e inarmónica
de parietal a parietal.
Siglos también de abuelos blancos
entre jornadas de trabajo tensas,
fruta difícil, carne retorcida,
el barro insomne de las botas
de los soldados, el capote
de campaña, la emisora que menciona
el Mississippi blanco,
el blanco linchamiento con bala,
la actividad enfebrecida
del ginecólogo oficiando
sobre el mantel que el tirón de la guerra
arrojará en el suelo
quebrando su momentáneo contenido;
los tugurios en donde
blancos desconcertados
se pliegan y se venden, borrachos
de vino y blancura injuriada,
siglos también de abuelos blancos
con sus ingenuos hospitales,
su herencia pavorosa, sus bolsillos
llenos de migas o sus sienes
llameantes de lucidez o de torsión,
hacen pensar en una música
con paréntesis, con incisos,
con bárbaros interrogantes,
con desconcierto, con corcheas de ojos,
mordentes de sarcasmo,
calderones de confusión,
accelerados de vasto gruñido:
blanco spirituals
(Tú lo sabes, James Baldwin:
no es sólo tu color.
Esa es la lenta trampa
que quisieran hacer reinar.
Tú lo sabes, James Baldwin:
te necesitan negro para odiarte,
para sobrevivir bajo su miedo
mediante el odio. Pero,
tú lo sabes, James Baldwin:
también te necesitan
desclasado, desocupado, disponible
para usarte los brazos
a bajo precio. *Extiendes
tu mirada en los barrios de Europa,
oteas los indios sudamericanos,
te achicharras sobre la India,
te sumes en las periferias
de las ciudades industriales
y ves hermanos de otras razas
discriminados, repudiados
en la otra piel del hombre: el sueldo,
en la otra piel del hombre: la cultura,
en la otra piel del hombre:
la libertad.
Tienes hermanos de otras razas,
todo sudor es familiar,
toda miseria lleva
escupitajos en la piel.)

De Charlie Parker a Edith Piaf
un diluvio de negro spirituals
y de blanco spirituals llueve
sobre la civilización;
llueve piaf; llueve parker, llueven
Manolo Caracol, Louis Armstrong empapa
Discépolo, John Coltrane, Billie Holliday.
Es un agua que se introduce
por las fisuras de los Parlamentos,
por las rendijas de los programas,
por los agujeros de la ONU,
empapada la estrategia, moja
a la inmortalidad y la encoge,
hincha las oscuras maderas
de los ataúdes y congela
todo el grandioso fuego de vivir.
Llueve toda la tarde, llueve
toda la noche: y tras la ventana
en que repiquetea la lluvia
ese diluvio es observado
por un blanco o un negro
mientras que suena un saxofón
y llueve.

*( Entre 1915 y 1918 emigraron hacia las industrias del norte de los Estados Unidos medio millón de negros del Sur de los Estados Unidos. Para evitar la desbandada que tanto había jurado desear, el K.K.K. de los Estados Unidos desencadenó una campaña de terror. Tan pintoresca fraternidad dio como resultado setenta y siete negros linchados y catorce quemados en público once de ellos, vivos. (Ver Los viajeros de la libertad, pág.10. Edit. Fontanella Barcelona, 1963.)

Félix Grande

lunes, 20 de octubre de 2008

Sesión De Jazz

Los sonidos oscuros
que llenaban la noche
serpenteaban sobre los cristales.
Los hielos resolvían
un problema geométrico,
disolviéndose en llanto.
El saxo se alargaba,
inundando los sueños,
en un sordo lamento vacilante.
Se aguzaba la aguja
de la herida trompeta,
ahincándose en la carne.
Y seguía, seguía,
obsesionado y lento,
el contrabajo.
La sonrisa eran dientes
grandes y desasidos,
brillando en la tiniebla.

Paz Díez Taboada

La Imagen del día: Recordando este episodio poco apetecido por las cadenas de televisión, claro... más allá de elevarse con el Jazz piensa que el saxo sería una buena pipa para su Cannabis Sativa...el buen Homero...me alegro volver a encontrar este capitulo.

sábado, 18 de octubre de 2008

THE MANY SIDES OF SLIDE



El sonido de Hampton sabe salir de su trombón.
Cada vez que él libera una espesa corriente de miel
Llena de luz y de música
Suave y vertiginosa el mismo tiempo,
Delicada y brillante en libre caída
Por el encantado tobogán de las ideas
Algo sucede en el corazón de las orquestas.

Quiero decir:
Un milagro se desliza
Desde sus más inocentes ademanes de viento
Desde el mito gestual de su trombón de vara
Hasta llegar a ser un ángel
Que va posándose en los atriles de la banda
Para encargarse de que la historia del hombre
Tenga por fin un signo nuevo para enfrentar
La muerte.

Slide ha demostrado sabiamente
Que ha llegado el misterio de Jazz y la Poesía
Que su trombón es instrumento que sopla un dios
Que intenta en vano corregir el mundo
Que su escritura es la cifra que resume
Una historia de la imaginación del hombre negro
Que cuando hace un solo suena una orquesta
Que el Jazz es un sol que suena para todos.

Y aunque parezca demasiado
Yo solo hablo de un hombre
Elemental y sonriente como Hampton.

Miguel Iriarte
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