[…] Quemándose la boca con un largo trago de vodka, Oliveira pasó el brazo por los hombros de Babs y se apoyó en su cuerpo confortable. «Los intercesores», pensó, hundiéndose blandamente en el humo del tabaco. La voz de Bessie se adelgazaba hacia el fin del disco, ahora Ronald daría vuelta la placa de bakelita (si era bakelita) y de ese pedazo de materia gastada renacería una vez más Empty Bed Blues, una noche de los años veinte en algún rincón de los Estados Unidos.
Ronald había cerrado los ojos, las manos apoyadas en las rodillas marcaban apenas el ritmo. También Wong y Etienne habían cerrado los ojos, la pieza estaba casi a oscuras y se oía chirriar la púa en el viejo disco, a Oliveira le costaba creer que todo eso estuviera sucediendo. ¿Por qué allí, por qué el Club, esas ceremonias estúpidas, por qué era así ese blues cuando lo cantaba Bessie?
¡Ay dolor!, ¿eres amor? A veces me exasperan los ritmos del Jazz hot Y es tan solo ternura mi desesperación. A veces… Yo no sé. Cuando sale tan sola la voz del saxofón Y me llora por los adentros aquel niño de ayer, Aquel, aquel… Yo no sé. A veces, cuando truena la vida sin sentido, A veces… Yo no sé. El saxo es como un niño que se fue por el bosque Y yo me voy por él Buscando la casita del buen leñador O la de caramelo, O la de…, Buscando no sé qué, Hermano saxofón. ¡Eh¡ Que no quiero llorar más, Ni recordar, ni pensar. ¡Eh…!
Y así me había encontrado con la Maga, que era mi testigo y mi espía sin saberlo, y la irritación de estar pensando en todo eso y sabiendo que como siempre me costaba mucho menos pensar que ser, que en mi caso el ergo de la frasecita no era tan ergo ni cosa parecida, con lo cual así íbamos por la orilla izquierda, la Maga sin saber que era mi espía y mi testigo, admirando enormemente mis conocimientos diversos y mi dominio de la literatura y hasta del jazz cool, misterios enormísimos para ella.
Y por todas esas cosas yo me sentía antagónicamente cerca de la Maga, nos queríamos en una dialéctica de imán y limadura, de ataque y defensa, de pelota y pared.
Supongo que la Maga se hacía ilusiones sobre mí, debía creer que estaba curado de prejuicios o que me estaba pasando a los suyos, siempre más livianos y poéticos. En pleno contento precario, en plena falsa tregua, tendí la mano y toqué el ovillo París, su materia infinita arrollándose a sí misma, el magma del aire y de lo que se dibujaba en la ventana, nubes y buhardillas; entonces no había desorden, entonces el mundo seguía siendo algo petrificado y establecido, un juego de elementos girando en sus goznes, una madeja de calles y árboles y nombres y meses. No había un desorden que abriera puertas al rescate, había solamente suciedad y miseria, vasos con restos de cerveza, medias en un rincón, una cama que olía a sexo y a pelo, una mujer que me pasaba su mano fina y transparente por los muslos, retardando la caricia que me arrancaría por un rato a esa vigilancia en pleno vacío. Demasiado tarde, siempre, porque aunque hiciéramos tantas veces el amor la felicidad tenía que ser otra cosa, algo quizá más triste que esta paz y este placer, un aire como de unicornio o isla, una caída interminable en la inmovilidad.
La Maga no sabía que mis besos eran como ojos que empezaban a abrirse más allá de ella, y que yo andaba como salido, volcado en otra figura del mundo, piloto vertiginoso en una proa negra que cortaba el agua del tiempo y la negaba.
En viejas grabaciones de Jazz me gusta oír Los rumores que llegan desde el público. Alguien grita con voz enronquecida, Feliz por el trabajo de los músicos. Hay aplausos; alguna copa rota. El pulso del local en el suburbio De una ciudad del sur. Momentos únicos Que cada vez regresan del pasado. Algo muy parecido debe ser la vida Más allá de la muerte: el perdido Rumor de voces de una noche de música. Quizá el alma inmortal sea el instante Preciso, frágil, breve, cuando un baso Tintinea en un viejo disco de Jazz.
De gris cristalería, plumas sobre los puentes ferroviarios. De veloces astillas. Gacela maniatada. De compromisos frutales y margaritas. En hélices que narran la fórmula de las estaciones. Y silencios de ardida superficie. En terrenos baldíos donde los niños lanzan increíbles estrellas al corazón de las hojas futuras, mi propio corazón guardado por infieles llaves, mi mano derecha consagrada al olvido, al fuego de este día que pasa sin detenerse en acuerdos de índole amorosa ni en las cartas que se escriben esperanzadamente ni en el rumor de la sangre en un vaso de rosas fugitivo, y tiñe de vejez el vuelo de tu falda, cuando en arcos sonoros, tú, la sonriente, provocas su ademán adusto, distraes su intención fluvial.
¿Entonces? Entonces, nada. Sólo que, la melancolía, en ventanas firmemente escolares, giradora en el vacío de los árboles, sobre el austero césped dominical sin testimonio, únicamente en medio de la lluvia que posiblemente cae con designio sagrado: cae sobre las manos de mis antepasados inhábiles guitarristas, dulces adoradores de la piedra tallada. Sobre sus ojos ausentes, rota en girasoles, cae llena de instrumentos sonoros totalmente anegada de puentes sojuzgados.
Ese otro que también me habita, acaso propietario, invasor quizás o exiliado en este cuerpo ajeno o de ambos, ese otro a quien temo e ignoro, felino o ángel, ese otro que está solo siempre que estoy solo, ave o demonio esa sombra de piedra que ha crecido en mi adentro y en mi afuera, eco o palabra, esa voz que responde cuando me preguntan algo, el dueño de mi embrollo, el pesimista y el melancólico y el inmotivadamente alegre, ese otro, también te ama.
Darío Jaramillo Agudelo
ME, MYSELF AND I
Billie Holiday (Nueva York, Junio 15 de 1937)
Me, myself and I Are all in love with you We all think you're wonderful We do Me, myself and I Have just one point of view We're convinced There's no one else like you It can't be denied dear You brought the sun to us We'd be satisfied dear If you, you'd belong to one of us So if you pass me by Three hearts will break in two
Cause me, myself and I Are all in love with you Me, myself and I Are all in love with you We all think you're wonderful We do Me, myself and I Have just one point of view We're convinced There's no one else like you It can't be denied dear You brought the sun to us We'd be satisfied dear If you'd belong to one of us So if you pass me by Three hearts will break in two Cause me, myself and I Are all in love with you
Desportillas las lágrimas del alba Íntegramente fundes el oro de la noche Hieres el prolongado tuétano azul de los deseos Tus palabras de paso de gato montés Al filo de un millón exacto de neones Ríen Tu soplo quiebra el ágata del mundo Celada como la flor de cristal En tu bolsillo insondable De arcángel palomilla
Y qué es lo que vas a decir voy a decir solamente algo
Y qué es lo que vas a hacer voy a ocultarme en el lenguaje
Y por qué tengo miedo
Alejandra Pizarnik
COLD IN HAND BLUES
Jack Gee / Fred Longshaw 1925
por Bessie Smith con Louis Armstrong & Fred Longshaw (piano) 24 de Enero de 1925 - Nueva York
I've got a hardworkin' man, The way he treats me I can't understand; He works hard every day And on Sat'day throws away his pay! Now I don't want that man, Because he's gone cold in hand.
Now I've tried hard to treat him kind, I've tried hard to treat him kind, But it seems to me his love has gone blind.
The man I've got must have lost his mind, The man I've got must have lost his mind, The way he treat me I can't understand.
I'm gonna find myself another man, I'm gonna find myself another man, Because the one I've got has done gone cold in hand.
Siento que hubo de todo en este fuego a una mano del cielo a una mano del piso a una mano en la mano.
Abajo la raíz la tierra el fruto. Arriba de tus labios esa distancia y ésta más las alas.
Siento que hubo de todo en este fuego a una mano del cielo a una mano del piso.
Abajo aquel latir líquido en sombras y la primer luz para subir para vivir para soñar.
Supe de una tormenta en esos brazos y caricias después del temporal.
Arriba son las palabras las que a veces callamos cuando están en el aire.
Las que a veces regresan sin el gesto en silencio. El caballo girando por la casa y hay un fuego cruzado despintado tu boca.
Siento que hubo de todo en este fuego a una mano del cielo a una mano del piso.
Arriba con tu voz que arroja un nudo al agua y después otro más a la distancia que toca la memoria de las descoloridas mariposas del patio que una mujer pintó hasta volarse y abajo un niño apenas entre señales de humo jugaba que algún día volaría también.
Siento que hubo de todo en este fuego a una mano del cielo a una mano del piso.
Abajo aquellos que recuerdo y no nombro atrás un color gris conteniendo un país.
Ahora el que no soy sobre lluvias caídas en tu ausencia sobre noches pasadas reclamando aquel sur en el mapa de tu cuerpo aquel fuego cruzado a una mano del cielo a una mano del piso a una mano en la mano.